La Agricultura y las Patentes

La Agricultura y las Patentes

Lunes 16 Mar 2009

PIPRA es una iniciativa sin fines de lucro que busca, entre otras cosas, ayudar a mejorar la agricultura en las economías emergentes, bajando las barreras de propiedad intelectual y aumentando la transferencia tecnológica.

La iniciativa comenzó en Julio del 2003 con un artículo en Science, firmado por 14 presidentes de universidades de EEUU. En el artículo, se planteaba cómo la tragedia de los anti-commons tenía consecuencias nefastas para la producción de comida en el tercer mundo:

La propiedad fragmentada de los derechos de propiedad intelectual (IP) en la biotecnología agrícola conduce a situaciones donde ninguna institución del sector público puede proveer el conjunto completo de derechos de IP para asegurar la libertad de trabajar con una cierta tecnología. Esta situación crea obstáculos para el desarrollo de mejores cultivos primarios para propósitos humanitarios en el mundo en desarrollo, y de cultivos especializados en el mundo desarrollado.

Las patentes entorpecen la investigación

El problema al que se enfrentaba el grupo de universidades que creó PIPRA es que en la investigación agrícola, como otros tipos de investigación, los avances son incrementales. En el caso de la ciencia agrícola, se necesita acceso a plasma germinal y cultivos que en los últimos años han ido acumulando una carga de propiedad intelectual. Esto dificulta la investigación científica, siendo necesario obtener numerosas licencias antes de comenzar una investigación.

Un caso clarísimo es el del Arroz Dorado, una variedad de arroz introducida para paliar la deficiencia de vitamina A, que causa unos 500.000 casos de ceguera cada año en el mundo, principalmente en países pobres. Cuando los investigadores que lo desarrollaron quisieron repartir las semillas del arroz dorado, se encontraron con que primero necesitaban licenciar 70 patentes (!), en varios países, sobre distintos aspectos del proceso que les habían llevado al desarrollo del arroz dorado. En estas circunstancias, la investigación científica para suplir las necesidades de los países en desarrollo es simplemente imposible.

Una vía de solución

Para las universidades en general, la explotación comercial de la creación de conocimiento jamás ha sido una prioridad. En este aspecto el rol de las universidades que reciben financiamiento público es contribuir al desarrollo de mejores cultivos agrícolas en el estado que las financia y también en el mundo. En el caso de PIPRA, dado el escenario de leyes maximalistas de propiedad intelectual, la forma en que esto es posible es por medio de un pool común de patentes que son compartidas en el consorcio bajo condiciones de reciprocidad.

La computación está bastante más adelantada en este aspecto, con consorcios como Open Invention Network y Patent Commons, que en ambos casos no persiguen cobrar royalties por las patentes, sino al contrario poder investigar e innovar libremente sobre una base firme.

Estas iniciativas son formas de vadear el campo minado en que el sistema actual de patentes ha convertido a la ciencia y la ingeniería. El sistema de patentes fue creado para fomentar la innovación, pero actualmente, y dado que los beneficios están concentrados y los costos diluidos, ha sido secuestrado por un grupo pequeño de empresas que reciben grandes beneficios.

En la actualidad, el sistema de patentes es una transferencia regresiva de dinero que frena la innovación en áreas críticas, como la ciencia agrícola, en que hay una oportunidad real para científicos y tecnólogos de saciar el hambre y salvar vidas.

Fuentes: PIPRA, The Wealth of Networks. Fotos: Wikipedia: Golden Rice, Dwinton @ Flickr (CC).

Foto de ChaTo Carlos Castillo @ChaToX PhD en Ciencias de la Computación, investigador en minería de datos y computación social, particularmente en medios sociales durante crisis humanitarias. http://www.chato.cl/