Propiedad intelectual, entre comillas

Propiedad intelectual, entre comillas

Viernes 24 Abr 2009

La mayor parte de nuestra cultura forma parte del dominio público, de aquello que pertenece a todos. El lenguaje, las matemáticas, gran parte de las ciencias, los motivos literarios y artísticos, etc. son de dominio público. Las creaciones artísticas y técnicas, pasado un cierto tiempo, también entran al dominio público; aunque actualmente ese tiempo es bastante más largo de lo que debería ser.

En "The Public Domain", James Boyle describe la situación actual del dominio público. El dominio público es un bien amenazado por la avaricia de unos pocos, y por la incomprensión de muchos. Parte de esta incomprensión viene de nuestra incapacidad para razonar acerca de los bienes intangibles. Por ejemplo, tendemos a pensar erradamente que la propiedad intelectual y la propiedad física son lo mismo, y que cada vez que alguien crea algo de valor debe recibir un derecho a cambio, o peor aún, que con más derechos ocurrirán más innovaciones.

El libro comienza con una carta que Thomas Jefferson escribió en 1813, en la que con mucha claridad muestra que los bienes de información son distintos de los bienes físicos. En el lenguaje económico actual, los bienes de información son no-rivales (más de una persona los puede disfrutar al mismo tiempo sin que ninguna disfrute menos del bien), y no-excluíbles (es difícil o imposible impedir que otros usen el bien).

En palabras de Jefferson:

Si la naturaleza ha hecho una cosa menos susceptible de ser poseída de forma exclusiva que todas las demás, es la acción de la capacidad de pensar llamada idea, que un individuo puede poseer para sí tanto tiempo como se la guarde para sí mismo, pero en el momento en que es divulgada, se obliga a sí misma a ser posesión de todo el mundo, y el receptor no puede desposeerse por sí mismo de ésta. Comportamiento peculiar es también, que no hay nadie que posea menos de la idea, porque todos y cada uno poseen la totalidad de ella. Aquel que recibe una idea de mí, recibe enseñanza sin disminuir la mía; tal como el que me ilumina con su candela, recibe luz sin oscurecerme a mí. Estas ideas deberían ser esparcidas libremente de uno a otro sobre el globo, para la moral y mutua enseñanza del hombre y para la mejora de su condición parecen haberse diseñado por la naturaleza de forma benévola y peculiar, cuando las hizo, como el fuego, expandible por todo el espacio, sin disminuir su densidad en ningún punto, y como el aire que respiramos, en el que nos movemos, y contiene nuestra existencia física, incapaz de confinamiento o apropiación exclusiva. Las invenciones entonces no pueden, por naturaleza, ser sujetas a la propiedad.

Solamente para conseguir un bien mayor para la sociedad es aconsejable dar un derecho exclusivo, un monopolio, al creador de algo útil o valioso:

La sociedad puede dar un derecho exclusivo a los beneficios que surjan de éstas, como un estímulo al hombre para perseguir ideas que puedan presentar utilidad, pero esto podría hacerse, o no, de acuerdo con el deseo y conveniencia de la sociedad, sin demanda o reclamación de nadie. [...] Considerando el derecho exclusivo a una invención como dado no por un derecho natural, sino para el beneficio de la sociedad, sé bien de la dificultad de trazar una línea entre las cosas que al público valen la pena como afrentas de una patente exclusiva, y aquellas que no.

Jefferson, que fue también miembro de la oficina de patentes durante muchos años, reconoce de inmediato la dificultad de diseñar las reglas adecuadas para los derechos de autor o las patentes. Por una parte, está la intención de incentivar la creación. Por otra parte, están los riesgos de entregar derechos muy amplios; riesgos que describe Boyle en su libro y que incluyen, entre otros:

  • que el monopolio sea innecesario para producir la innovación, y que ésta se produzca de todas formas,
  • que los derechos que se entregan sean muy amplios e impidan la libre expresión, la crítica, o el progreso científico,
  • que se restringa el acceso a la investigación que sigue,
  • que produzcan una industria muy concentrada en una forma que cause menoscabo a los consumidores,
  • que le de al creador de una tecnología control sobre otras tecnologías presentes o futuras que no han sido creadas por él.
  • etc.

Lamentablemente, en la práctica las leyes actuales sobre propiedad intelectual, han sido básicamente creadas por la misma industria que se beneficia de la propiedad intelectual. El interés público no ha estado representado apropiadamente, y las legislaturas han permitido que la industria escriba las leyes para luego ellos simplemente aprobarlas (que éste sea el proceso adecuado está por verse; si fuera por la industria del automóvil, por ejemplo, los automóviles no tendrían ningún dispositivo de seguridad).

El resultado ha sido que los monopolios, incluyendo los derechos de autor y el ámbito de lo patentable, han ido expandiéndose con los años. Esto produce menos creación de valor, y una cultura que avanza más lento. Los costos los sentimos todos. Los beneficios los reciben unos pocos.

¿Por qué es importante defender el dominio público?

En una caricatura de XKCD, aparece un personaje que dice: "a veces, simplemente no puedo escandalizarme acerca la leyes de copyright". Es totalmente cierto, el tema ha sido presentado como algo técnico, lejano y que el "público" no puede comprender. Además, están los que dicen que en la práctica, no hay de qué preocuparse por que se sigan inflando las leyes de propiedad intelectual. Hay una generación completa que no pestañea cuando descarga una película o una serie de internet, porque de todos modos no iba a comprar el DVD, así que les da lo mismo. Pero para mí la desobediencia civil es un arma que hay que reservar para las causas grandes, y descargar capítulos de Lost, no califica.

Hoy existen muchos problemas importantes en la discusión pública, incluyendo el sufrimiento de los humanos, de los animales no-humanos, y la destrucción del planeta. Tener leyes que permitan que surja la cultura libre no nos ayudará a salvar el planeta ¿o sí? Varios proyectos sobre biología de los que hemos hablado en MM dependen de leyes que permitan que exista la cultura libre. El acceso libre a materiales educativos, el acceso libre al conocimiento, pueden ayudar a democratizar y equilibrar la balanza en muchas sociedades.

Finalmente, la cultura libre es el único entorno en que grandes proyectos de colaboración masiva pueden surgir, en que grandes grupos de personas con un interés común pueden unirse para conseguir una meta valiosa. En palabras de Clay Shirky:

Siempre nos hemos amado los unos a los otros. Somos humanos. Es algo en lo que somos buenos. Pero hasta hace poco, el radio y la vida media de este afecto ha sido bastante limitado. Usando sólo amor, puedes planear una fiesta de cumpleaños. Agrega las herramientas de coordinación y puedes escribir un sistema operativo. En el pasado, podíamos hacer cosas pequeñas por amor, pero las cosas grandes requerían dinero. Ahora, podemos hacer grandes cosas por amor.

James Boyle: "The Public Domain". Yale University Press, Diciembre 2008, 336 páginas. Disponible on-line bajo una licencia CC-NC-SA.

Fuentes: Wikipedia: Public Domain, New York Times, US FHWA, XKCD.

Para escuchar: Podcast del autor desde la Universidad Princeton.

Foto de ChaTo Carlos Castillo @ChaToX PhD en Ciencias de la Computación, investigador en minería de datos y computación social, particularmente en medios sociales durante crisis humanitarias. http://www.chato.cl/