Nada que ocultar: El falso compromiso entre privacidad y seguridad

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URL destacada (docs.law.gwu.edu): http://docs.law.gwu.edu/facweb/dsolove/Nothing-to-Hide/index.html

Los problemas de privacidad en cierto sentido se asemejan a los problemas del medio ambiente: cuando hay un gran derrame de petróleo todos se alarman y exigen que "alguien haga algo", pero en ausencia de un evento espectacular todos contribuimos a empeorar la situación día a día.

Daniel Solove es profesor en la Escuela de Derecho de la Univ. George Washington y comienza en "Nothing to Hide: The False Tradeoff Between Privacy and Security" (Yale University Press, Mayo 2011), con un estudio sobre el argumento de que el que no tiene nada que ocultar, no debería preocuparse por su privacidad. Pero su libro va mucho más allá de eso.

Estado de excepción

Uno de los temas principales que Solove desarrolla es el deterioro progresivo de las garantías de privacidad de los ciudadanos en EEUU, un tema que nos afecta a todos debido a la gran cantidad de servicios por Internet que están basados en ese país. Este deterioro ha sido, indudablemente, acelerado por la "guerra contra el terror". Con el país en permanente alerta naranja, se ha claudicado frente a la idea de que en tiempos de crisis hay que entregar grandes poderes a los gobernantes, poderes que serán luego teóricamente devueltos apenas la "crisis" termine.

Esta idea del "estado de excepción" va siempre acompañada de un par de otras ideas igualmente peligrosas. Primero, que la seguridad nacional es algo de lo cual sólo pueden entender los expertos en seguridad nacional, y por lo tanto no hay que cuestionar lo que ellos aconsejen hacer. Segundo, que los asuntos de seguridad nacional no son investigaciones criminales normales y por lo tanto requieren sus propias normas, mucho más laxas que aquellas bajo las cuales opera la policía tradicionalmente.

Solove es lapidario contra estos argumentos: no se trata ni de que el gobierno pueda hacer lo que quiera para proteger la seguridad nacional, ni de que el gobierno no pueda hacer nada para proteger la seguridad nacional. Se trata de que los vigilantes sean vigilados apropiadamente, de que no se abandonen las normas y los equilibrios:

"En una democracia saludable, el gobierno nunca debería decir 'confíen en nosotros'. Una sociedad saludablemente democrática es una en que el gobierno nunca exige tu confianza ciega. Ésto, porque hay sólidas reglas y procedimientos establecidos para asegurarse de que el gobierno no se salga de la fila."

Esta no es una idea nueva ni revolucionaria. Hace casi una década una corte de apelaciones estadounidense establecería algo similar, reflexionando de esta forma:

"Es bastante probable que nuestra nación estaría más segura si se permitiera a la policía detener y registrar a quien quisiesen, en cualquier momento, por cualquier razón. Sin embargo, la Cuarta Enmienda incorpora un juicio de valor de los Fundadores que nos impide transar gradualmente cada vez más libertad y privacidad por seguridad. Establece que las búsquedas deben estar basadas en evidencia --en vez de redadas potencialmente efectivas, amplias, y preventivas-- como la norma constitucional."

"El que nada hace, nada teme"

En respuesta a los críticos de la DINA/CNI chilenas, Pinochet declaraba:

"Yo les recuerdo una frase señores: 'El que nada hace nada teme'. En consecuencia si nadie hiciera, no tendrían porqué tenerle tanto temor al servicio de inteligencia."

Una de las ideas más recurrentes es que el que no tiene nada que ocultar, no tiene por qué temer que un gobierno revise su correspondencia, intercepte sus correos, registre las páginas web que visita, etc. La vigilancia es presentada como un arma poderosa en la guerra contra el terrorismo, la guerra contra el tráfico de drogas, la guerra contra el acoso, la guerra contra la pedofilia, o más recientemente, la guerra contra la ciber-guerra.

De acuerdo a Solove, este argumento es fundamentalmente falso porque se basa en una concepción equivocada de la privacidad. El que dice que no le importa renunciar a su privacidad porque "no tiene nada que ocultar", erradamente cree que tener privacidad es simplemente mantener en secreto ciertas cosas.

No es así. Hay muchas cosas que no hacemos en secreto, pero son efectivamente privadas. Por ejemplo:

"Supongamos que compras un libro sobre el cáncer. Esta compra no es muy reveladora de por sí, pues simplemente indica un interés en la enfermedad. Supongamos que compras una peluca. La compra de una peluca, en sí misma, podría ser por un número de razones. Pero combinando estas dos piezas de evidencia, podemos hacer la inferencia de que tienes cáncer y estás pasando por una quimioterapia."

En la misma línea, recientemente el FBI ha defendido a ultranza su "derecho" a instalar un GPS en el auto de quien quiera, sin necesidad de autorización judicial, porque una persona que transita por la calle lo hace en público, a la vista de todos.

Pero evidentemente un punto de datos (ej.: que alguien lo vea a uno en un cierto lugar en un cierto momento) es diferente de muchos puntos de datos (ej.: toda una traza GPS de la actividad de un día completo). Estamos en presencia de un problema de agregación.

Otro problema es la exclusión, es decir, el no poder tener acceso a la información que el gobierno tiene de uno. En "El Juicio" de Kafka, una espectacular crítica a la burocracia estatal, el protagonista es juzgado y sentenciado sin escuchar en ningún momento cuál es el crimen del que se le acusa. Al no tener uno acceso a la información que se está recopilando sobre uno, es imposible defenderse, por ejemplo, si tal información es errónea o distorsionada.

Derivado de la exclusión otro problema más es el uso secundario, explotar los datos que se recopilan para un fin distinto, por ejemplo, para extorsionar o chantajear a un adversario político. También puede ocurrir un uso secundario cuando estos datos son robados por terceros. ¿Confiarías los detalles de tu vida a sistemas construídos por expertos en seguridad de tu gobierno?

La privacidad no un derecho individual, es un valor para toda la sociedad

La privacidad pre-existe a otros valores; por ejemplo no es posible que uno tenga derecho a expresar una idea si no puede primero concebirla y desarrollarla en privado. Tampoco es posible establecer lazos significativos con otras personas sin espacios de intimidad; por ejemplo, una familia simplemente no puede funcionar como tal sino existen espacios privados donde discutir sobre los asuntos familiares.

Pero además, de acuerdo a Solove, la privacidad no es una excepción a las normas y reglas sociales, sino que es parte integral de esas mismas reglas:

"Parte de lo que hace a una sociedad un buen lugar para vivir es la medida en la cual le permite a la gente libertad de la intrusión de otros. Una sociedad sin protección de la privacidad sería opresiva. [...]

[L]a privacidad constituye un intento de la sociedad de promover la civilidad. La sociedad protege la privacidad como medio de establecer orden en la comunidad. La privacidad no es el triunfo del individuo contra los intereses de la sociedad, sino la protección del individuo basado en las propias normas y valores de la sociedad. La privacidad no es simplemente una forma de que un individuo se salga del control social, es en sí misma una forma de control social que emerge de las normas sociales. No es una restricción externa en la sociedad sino una dimensión interna de la sociedad."

Bajo esta óptica, la privacidad, para Solove, no es un bien individual que tenga que ponerse en la balanza contra el bienestar de la sociedad en general. La privacidad es un bien social, y es en cuanto bien social que debe ser puesta en equilibrio con otros bienes sociales.


Fuentes:

Foto de ChaTo

— Doctor en Ciencias de la Computación, dedicado a la minería de datos en medios sociales para mejorar la respuesta durante crisis humanitarias, y para estudiar la relación entre medios tradicionales de noticias y medios sociales. +Más información »