Cuentos de piratas: ¿Cómo fomentar el procomún? El significado de la descarga y la legitimidad de la ley

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Durante las últimas semanas han aparecido muchos análisis del caso Megaupload y SOPA que han sido introducidos con frases similares a estas: “yo no apruebo la piratería, pero esto va muy lejos” o “todos sabemos que la piratería es mala, pero esta no es la solución”. Este tipo de posiciones que son al mismo tiempo anti piratería y pro libertad en Internet generan algunas situaciones disonantes si se realiza un análisis profundo.

Las descargas y la libre circulación de contenidos se han estructurado como la base de Internet de una forma natural. Aquí no se trata ni de conspiraciones ni de un planeamiento central: apenas tuvimos la posibilidad de disfrutar de creaciones culturales lo hicimos sin miedo a pensar que estábamos cometiendo un agravio moral o una ilegalidad con penas varias.

Este proceso natural de distribución cultural implica el pensar al derecho de autor como algo ilegítimo, que no es lo mismo que no querer pagar por un soporte o por el tiempo de creación de valor de un artista; el tema es el siguiente: cuando pagamos por un libro o disco ¿estamos pagando por los derechos asociados, por el monopolio de la industria o por el soporte de distribución de la creación?

Pero volviendo al tema inicial, la contradicción antipiratería-prolibertad en la Web provoca un pequeño choque de sentidos. Por una parte los usos típicos de cualquiera que navega en Internet implican no considerar como válida la estructura que soporta la legitimidad de los derechos de autor. Por otra, existe el discurso casi pre programado de que la piratería es mala para los artistas o que va en contra del desarrollo de la cultura.

Pero las industrias culturales crecen a pasos agigantados. Cada año nacen más artistas, películas y series, por lo que es difícil creer que estemos destruyendo trabajos cada vez que hacemos algo tan natural para cada internauta como es el descargar o hacer streaming (aquí pueden ver un reporte [en inglés] que detalla, entre otras cosas que el valor de la industria cultural ha pasado de 449 miles de millones de dólares a 745 miles de millones entre 1998 y el 2010)



De hecho el mismo nacimiento de Hollywood es un ejemplo de considerar ilegitimas (o al menos poco provechosas para la mayoría) las leyes sobre patentes relacionadas con la reproducción de películas.

Entender esta contradicción en los discursos implica llegar a la siguiente conclusión: la base de la tensión entre la propiedad intelectual y la constitución de bienes comunes está en el origen de la idea de la ley: Otorgar propiedad sobre la creación cultural.

¿Qué significa esta situación en la práctica? Que hay que luchar políticamente contra la idea, ya instaurada en la práctica, de que la piratería es mala, ya sea en términos morales o económicos. Hay que luchar contra la legitimidad de la propiedad intelectual que está presente solo en los discursos, más no en las prácticas diarias del uso de la Web.

El apostar por la creación de un procomún cultural implica necesariamente romper con la noción de derechos de autor, saltarse a la industria y comenzar a crear al margen de ella.

La creación de valor cultural a nivel local va justamente en contraposición a las ganancias de la industria global (me gustaría ver desagregados por países periféricos los datos globales de ganancias de las industrias culturales). Es un hecho que la globalización de la industria cultural ha generado una dinámica de dependencia de la periferia con el centro de la producción cultural, lo que significa que el presupuesto general destinado a actividades culturales de las personas de los países periféricos es monopolizado por un par de grandes empresas (en detrimento de la promoción de artistas locales).

Si como promotores del procomún no se lucha por la ilegitimidad del derecho de autor nunca se saltará el imaginario de que la piratería es mala, y este imaginario es la principal traba para la generación de una comunidad de creadores que comprenda que las obras culturales son fragmentos de cristalización de la historia del desarrollo humano, sin más dueños que la comunidad y los comunes.

Mientras sigan en el imaginario las ideas que justifican la libertad de la cultura, pero no la malvada piratería, la lucha por la construcción del procomún será siempre una subida cuesta arriba.

Imágenes: medialab_prado, The sky is rising report by floor64

Foto de Pablo Carcamo

— Licenciado en sociología de la Universidad de Chile. Interesado en temas relacionados con Internet y propiedad intelectual. +Más información »