El profesor del futuro

El profesor del futuro

Jueves 31 Jul 2014

Vivimos una época difícil para la educación.

El día de ayer salió publicado un artículo que describe las 10 primeras propuestas de un grupo de trabajo para mejorar la carrera docente. Este grupo de trabajo, compuesto entre otras personas por un Premio Nacional de Educación, el Presidente del Colegio de Profesores, y el rector de la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación, está realizando una labor que esperan sea tomada en cuenta para la generación de una ley que modificará la carrera docente.

Debo decir que en esas 10 propuestas veo buenas intenciones y soluciones superficiales. Lo digo con mucho afecto, viniendo de una familia de profesores. No veo visos de solución para lo que considero uno de los problemas más importantes en la educación hoy: la paradoja entre los profesores que tenemos y la educación que necesitamos.

La paradoja es: la educación que funciona requiere de una relación uno a uno entre el profesor y el estudiante. Lo ideal sería que cada niño y niña aprendiera en su hogar, con sus padres, a su ritmo, en una relación uno (hijo-estudiante) a uno (padre-profesor). El mundo moderno hace imposible este modelo antiguo. La enseñanza requiere de infinita flexibilidad hacia las necesidades amplias y diversas del estudiante, y una atención acuciosa y detallada hacia cómo, cuándo, y con qué el estudiante aprende. Es una paradoja porque tenemos pocos profesores. Las necesidades de aprendizaje son mucho más grandes que lo que los profesores son capaces de entregar, por un simple problema de cantidad. Es un problema social, porque muchos de los profesores están dolidos y sobrepasados, enrabiados por "el sonsonete de las quinientas horas semanales". No tienen herramientas como para lidiar con su dolor, y traspasan su frustración a los estudiantes. Esto hace poco atractivo el ser profesor. Pocos quieren ser profesores en estas condiciones. Esto mantiene un bajo número de profesores, perpetuando el problema de número.

Los estudiantes se enfrentan a un sistema que los obliga a aprender un número excesivo de materias, los hace competir, y los ordena en una escala de notas única, con profesores y padres que los castigan si no son capaces de repetir lo que fue planificado para ellos.

Los estudiantes se enfrentan a un sistema que los obliga a aprender un número excesivo de materias, privilegiando la repetición y la memorización. El sistema los hace competir, los ordena en una escala de notas única, con profesores y padres que los castigan si no son capaces de repetir lo que fue planificado que ellos aprendieran. Todos deben aprender lo mismo, al mismo tiempo, y el o la que se demora, es un "problema". Es un problema para el profesor, que tiene que lidiar con un estudiante "atrasado", y para el padre o madre, que se angustia y cree que su hijo o hija tiene un problema sicológico, que no es capaz de aprender, que es retrasado o tiene algún trastorno de aprendizaje. Es un problema para el colegio, que a un número excesivo de horas planificadas de clase tiene que agregar horas para talleres de reforzamiento en lenguaje, matemática, y otras materias. Es un problema (de nuevo) para los niños y niñas, que cuando se les dice "estás mal, tienes que ir a un taller de reforzamiento de lenguaje", se sienten tontos, defectuosos, culpables, o en el mejor de los casos no suficientemente inteligentes para estudiar. Lo anterior se ve agravado por el hecho de que nuestra educación no es integral: las matemáticas y el lenguaje tienen una preponderancia excesiva, por sobre materias como arte y música, historia y danza, que podrían complementar la educación excesivamente académica que le estamos entregando a nuestros hijos. Todo esto ha sido descrito de manera magistral por Ken Robinson en una serie de charlas realizadas sobre educación, aprendizaje y escuelas alrededor del mundo.

Realicemos un pequeño ejercicio. Supongamos que un profesor tiene 40 alumnos en su sala de clases. Las clases típicamente están organizadas en bloques de 90 minutos. Si un profesor quisiera dedicar un tiempo exclusivo a cada alumno por separado, tendría un máximo de 2 minutos y quince segundos por alumno. En una clase idealizada, el profesor explica un concepto básico, y luego entrega a los estudiantes un set de problemas que ellos deben resolver para adquirir una nueva habilidad o entender un concepto determinado. Supongamos que la explicación del concepto toma 20 minutos. Eso deja 70 minutos para que los alumnos resuelvan problemas y reciban feedback del profesor. La dedicación máxima que el profesor puede dedicar a cada alumno para determinar si resolvió bien o no los problemas, y entregar feedback específico al estado de cada alumno es de 1 minuto y 45 segundos.

¿Cómo resolvemos este círculo vicioso de problemas que se auto-perpetúan?

No existe una única solución. Sin embargo, existe una tecnología en particular que puede ayudarnos a resolver gran parte del problema. Con esta tecnología podemos dedicar infinita atención a la variedad de estilos y necesidades de aprendizaje de cada estudiante. Podemos multiplicar las valiosas horas de los profesores, de manera que ellos puedan dedicarle atención a aquellos detalles que la tecnología no puede. Con esta tecnología, las horas de aula se transforman en aquellas instancias preciosas de motivación y de interacción física entre pares que son también parte de las necesidades fundamentales del aprendizaje. Porque he aquí otra paradoja: el aprendizaje es una actividad bi-personal (profesor-estudiante) que se nutre de la interacción con los pares.

A diferencia de lo que ocurre en el aula, el tutor inteligente puede observar continuamente el desempeño de un estudiante en el aula: si resuelva bien o no un problema, cuánto se demora en ello, qué errores comete y con qué frecuencia. Puede "dar una pista" si el estudiante duda; puede sugerir por dónde comenzar a resolver un problema.

Pongámosle nombre a la tecnología anterior: tutores inteligentes. Se trata de software de aprendizaje personal, donde cada niño dedica una cantidad de horas a resolver problemas y a seguir un currículum a través de un computador. El sistema posee un currículum en un área muy específica, desglosado en habilidades y actividades a desarrollar para practicar esas habilidades. A diferencia de lo que ocurre en el aula, el tutor inteligente puede observar continuamente el desempeño de un estudiante en el aula: si resuelva bien o no un problema, cuánto se demora en ello, qué errores comete y con qué frecuencia. Puede "dar una pista" si el estudiante duda; puede sugerir por dónde comenzar a resolver un problema. Puede hacer "scaffolding", que es una manera de mostrar al estudiante cómo resolver problemas complejos a través de la resolución de problemas más simples y de ayudas que de a poco van desapareciendo. Un tipo básico de scaffolding es el que utiliza Duolingo para el aprendizaje de inglés, francés, portugués o alemán.

¿Reemplazarán los tutores inteligentes la labor de los profesores en el aula? Suponiendo que cada estudiante chileno tuviera acceso a un tutor inteligente para todas las materias que necesite aprender, ¿significaría esto que los profesores dejarían de ser necesarios? La respuesta es un rotundo "No", en parte por las mismas razones que argumenta Ken Robinson en su primera charla TED: un tutor inteligente resuelve de manera brillante sólo la parte mecánica del problema. La otra parte (clases creativas, multidisciplinarias, fuera de los compartimentos establecidos por el Ministerio de Educación para cada asignatura) requiere de una profunda redefinición de la labor del profesor tanto fuera como dentro del aula.

¿Reemplazarán los tutores inteligentes la labor de los profesores en el aula? La respuesta es un rotundo "No": un tutor inteligente resuelve de manera brillante sólo la parte mecánica del problema. La otra parte requiere de una profunda redefinición de la labor del profesor tanto fuera como dentro del aula.

Los tutores inteligentes son llamados así porque capturan un currículum en un área específica de conocimiento, desglosado en una serie de habilidades que deben ser aprendidas de manera gradual. Los tutores inteligentes no son capaces de tomar un área del conocimiento y desglosarla en habilidades específicas, ni de escoger una serie de problemas prototípicos que permitan la práctica de esas habilidades. Los tutores tampoco son capaces de interactuar con los estudiantes físicamente y de motivarlos para que no pierdan esa curiosidad natural que todos los seres humanos tenemos. Los tutores inteligentes generan una serie de estadísticas que son específicas al área de educación (e.g., curvas de aprendizaje), pero no son capaces de interpretarlas para modificar las actividades que se aplican dentro y fuera del aula. Esta deberá ser la labor de los profesores en el futuro. El profesor del futuro es:

  • Un científico social. Su área de investigación es el aprendizaje híbrido (esto es, presencial y a través de tutores inteligentes). Sus experimentos buscan determinar de manera objetiva y cuantitativa la efectividad de sets de currículums y actividades de aprendizaje, entender la influencia estadísticamente significativa de los componentes de la personalidad en el aprendizaje (y de otras decenas de factores que influyen positiva y negativamente en el aprendizaje), y un muy largo etcétera.
  • Un especialista en la implementación y uso de tutores inteligentes, y especialmente un experto en el diseño de estos tutores. La construcción de estos programas será una labor conjunta con ingenieros y técnicos en computación.
  • Un generador de datasets educativos que, previamente anonimizados, le permitan a la comunidad de profesores estudiar el aprendizaje y los factores que influyen en éste.
  • Un entrenador o coach, capaz de motivar a sus estudiantes con actividades que no maten la curiosidad natural y deseo de aprender que todos los seres humanos traemos naturalmente al mundo.
  • Un experto en las técnicas estadísticas necesarias para determinar la efectividad de cada una de las intervenciones educativas que se aplican en el aula.
  • Un experto en sicología de la personalidad y del aprendizaje. Un profesor que no comprende los aspectos de la personalidad de sus estudiantes no es capaz de ponderar cómo esa personalidad afecta su aprendizaje.

Es este perfil de profesor el que debiéramos estar construyendo. Ni la labor del profesor, ni el contexto educativo, ni las herramientas usadas han cambiado en los últimos 200 años, y me parece que no podemos esperar otros 200 para cambiarlos.

Imagen: idioming.com.