Lo que hacemos o decimos en privado no es inmoral: es simplemente privado

Lo que hacemos o decimos en privado no es inmoral: es simplemente privado

Lunes 30 Mar 2015

Jon Crowcroft (@tforcworc) es un reconocido catedrático de redes/sistemas distribuidos en la Universidad de Cambridge. Ésta es una charla que ofreció en el Centre for Research in the Arts, Social Sciences, and Humanities en marzo del 2015.

A menudo se dice que "Si no tienes nada que ocultar, no tienes nada que temer". Este argumento, que se utiliza a menudo para justificar la vigilancia masiva sobre la sociedad, se basa en la curiosa idea de que las cosas que se hacen secreto necesariamente son inmorales, poco éticas, o ilegales.

El argumento también se basa en una reducción de cualquier noción sutil de qué es ser una persona—nos entendemos a nosotros mismos como seres diferentes del otro, dependiendo de nuestra relación, o falta de relación, con ese otro. Ninguno de nosotros, ni siquiera las celebridades de más alto perfil, realmente "vive en público".

Hay una larga lista de razones por las que el argumento de "nada que ocultar" es falso. Gran parte de su falsedad deriva del desequilibrio de poder que se produce cuando las conversaciones privadas se revelan a oyentes a los que no les corresponde, sean esos oyentes conocidos o desconocidos.

Lo que podría sucedernos después de una revelación involuntaria de nuestros datos o conversaciones privadas crea genuino miedo, incertidumbre y dudas en la persona cuya información está siendo revelada. Mucho de este miedo se debe al poder, nunca antes visto, que entrega Internet a agencias como la NSA, GCHQ , o cualquier otro miembro del complejo de vigilancia a gran escala.

La vigilancia es tóxica: reduce la capacidad de elegir nuestra conducta y la limita a lo que sea aceptable para todos en todo momento.

La vigilancia es tóxica: reduce la capacidad de elegir nuestra conducta y la limita a lo que sea aceptable para todos en todo momento. Hay muchos ejemplos de ésto, que van desde lo ligeramente embarazoso a aquello que nos pone en peligro mortal. En el lado relativamente benigno del espectro, hay numerosos casos de conversaciones privadas por figuras públicas que son secretamente grabadas y luego compartidas, por lo que estamos aparentemente en un punto donde el más inocuo de los comentarios se puede utilizar como un arma si llega a oídos de la persona equivocada. Consideremos también los numerosos casos de humillación pública, donde las vidas y carreras de personas han sido destrozadas después un tweet escrito con poco tino. También hay consecuencias mucho más graves para las personas que participan en programas de protección de testigos, por ejemplo: ¿Cómo se puede ocultar a una persona en una población donde todo el mundo puede ser rastreado?.

El contexto de la información es importante

Nos presentamos de manera diferente con distintas personas: con nuestra familia, con nuestros amigos cercanos, con nuestros colegas, con nuestros conocidos, y con las personas que encontramos casualmente—con cada uno se da un nivel diferente de confianza, porque hay diferentes niveles de experiencias compartidas. El contexto es importante.

Y debido a que el contexto cambia con el tiempo, necesitamos controlar aspectos de la información acerca de nosotros mismos al momento de que puedan ser vistos por otros. De hecho, necesitamos poder quitar datos obsoletos de la vista del publico—necesitamos tener el derecho a cambiar de opinión.

Esto no constituye censura. Se trata de una generalización del "derecho a saber" del público (o del derecho a no saber, en este caso), para evitar que persista una opinión obsoleta y posiblemente errónea, quizás desplazando poderosamente a una opinión más reciente.

En general, el "público" es un conjunto de personas a las que se puede enviar información. La mayor parte de éstos, la mayoría del tiempo, no tienen un "derecho" a saber. Yo tengo derecho a compartir información o no. Yo puedo, y debo, juzgar cuál es el contexto apropiado para una situación dada.

Tal vez necesitamos un nuevo modelo, con matices, sobre cómo la libertad de expresión y el derecho a saber del público pueden existir sin aplastar el derecho a la privacidad. Las soluciones podrían basarse en el derecho de autor, en lo que es costumbre o convencional, o en el control, pero la decisión debe estar en manos del que habla, no del que escucha, para restablecer el equilibrio de poder. Una combinación adecuada de tecnologías puede alertarnos si la gente envía nuestros datos mas allá de lo que quisiéramos, y necesitamos leyes de protección de datos con sanciones reales, por la asimetría de poder entre los organismos de seguridad y los individuos.

También debemos poder marcar como obsoletos y luego eliminar de la vista datos que ya no son relevantes, tales como registros penales de viejos delitos, registros de salud de ningún interés público, o información financiera que no esté actualizada.

Idealmente, la aplicación de estas soluciones debe ser en parte social, pero debería incluir también a organizaciones independientes. La GCHQ y otras organizaciones de vigilancia no tienen ninguna relación privilegiada especial con la mayoría de la gente. Tenemos que incentivarles a hacer bien su trabajo. Con gran poder de vigilancia viene una aún mayor responsabilidad. Vemos a diario informes de incidentes de abuso de poder en muchas de estas organizaciones. Si su cultura no cambia, tenemos que utilizar medios más poderosos con el fin de restaurar un comportamiento cuerdo. Google, Facebook y otras empresas de Internet no están exentas tampoco. El dinero no confiere derechos, y la lucha contra el terrorismo no tiene porque ponerse por encima de todos los demás derechos.

Los datos sin contexto son inherentemente falsos.

Los datos de una persona, simplemente por el hecho de que pueden ser copiados en forma fidedigna, no significa que sean verdaderos, y pueden convertirse en falsos. La memoria de los humanos es revisionista, porque el contexto cambia. Los datos sin contexto son inherentemente falsos.

Si pones atención a lo que sucede con tus datos, querrás saber a dónde van y qué se hace con ellos. Queremos ver sistemas en los que la gente tiene control sobre sus datos, dándoles la posibilidad de permitir o evitar ciertos tipos de acceso.

Aunque a veces parezca que vivimos en una época donde la gente acepta que no exista la privacidad en línea, en realidad, la privacidad es algo que la gran mayoría de la gente valora mucho. Tenemos que empezar a pensar en cómo construir escenarios donde podamos, al mismo tiempo, compartir fácilmente la información, y controlar nuestra privacidad.

Fuente: Nota de prensa, Notas del autor.

Foto de ChaTo Carlos Castillo @ChaToX PhD en Ciencias de la Computación, investigador en minería de datos y computación social, particularmente en medios sociales durante crisis humanitarias. http://www.chato.cl/