La privacidad en la vida cotidiana

La privacidad en la vida cotidiana

Lunes 13 Abr 2015

John Oliver continúa profundizando sobre temas relacionados a la expansión de Internet. Uno de los capítulos más viralizados de su show tiene relación con la neutralidad de la red, y ahora ha decidido tratar la vigilancia masiva de los programas de inteligencia estadounidense con una entrevista a Edward Snowden.

La discusión sobre la vigilancia y la privacidad ha generado bastantes columnas de opinión y análisis a partir de las revelaciones de Snowden, principalmente enfocadas en temas morales y filosóficos. Sin embargo, creo que hay cosas más prácticas que no se han considerado lo suficiente, y que Oliver pone sobre la mesa de forma bastante graciosa.

Una de ellas tiene que ver con la dificultad de comunicar el problema. Al igual que el debate sobre la neutralidad de la red, los detalles y argumentaciones suelen ser sumamente técnicos y la dificultad de lograr empatía con el problema se incrementa. Además, el tema de la privacidad de las comunicaciones no es algo que revista de una importancia real en la vida cotidiana. No debo ser el único que mantiene sus comunicaciones sin encriptar, a pesar de lo que sabemos sobre los programas de vigilancia masiva. Oliver intenta ilustrar esta situación preguntándole a personas de la calle sobre su nivel de conocimiento de Edward Snowden, recibiendo muchas respuestas que revelan ignorancia sobre sus filtraciones.

Glenn Greenwald, quien trabajó en The Guardian con los documentos de Snowden, pone este hecho en un contexto global de apatía política, señalando que probablemente las mismas personas son igual de ignorantes sobre la mayoría de los políticos más importantes. Esta situación de desvinculación con la política es algo mucho más grande que la discusión sobre la privacidad, pero sin duda alguna se correlaciona de forma directa sobre las posibilidades de vigilancia de los estados.

Finalmente, si bien estos programas de vigilancia estatal pueden interferir nuestras comunicaciones cotidianas, nosotros los ciudadanos globales no tenemos muchas posibilidades de limitarlos de forma legal. Dependiendo de nuestra valoración sobre la privacidad podríamos dedicarnos a aprender más sobre protección de nuestras comunicaciones, pero probablemente requiera más tiempo del que estamos dispuestos a dedicar. Una de las principales ventajas de esta era de comunicación instantánea tiene que ver con la simplicidad, y uno no busca crearse problemas frente a alternativas sencillas.

Oliver sugiere que la solución tiene que ver con el nivel de relevancia para las personas comunes. Señala de de forma lúdica que si se enfocara el problema sobre la filtración de fotografías intimas probablemente se lograría mayor empatía.

Quizás la solución no esté en decir que se trata sólo de fotografías privadas siendo revisadas por agentes de una agencia de seguridad estatal, pero el nivel de importancia que se le asigna a la privacidad probablemente esté muy lejos de los niveles de la discusión más técnica al respecto. Esto será uno de los puntos decisivos a la hora de lograr injerencia en políticas públicas que intenten limitar los poderes de vigilancia estatal.