Soy un migrante económico

Soy un migrante económico

Miércoles 23 Sep 2015

Los problemas que enfrenta un migrante económico y un refugiado son similares, en el mismo sentido que una endodoncia es similar a un transplante de pulmón: Yo conozco lo primero pero no lo segundo. El único grupo de refugiados que conozco directamente es la gente de la generación de mis padres que se fue al exilio durante la dictadura militar en Chile. Esa fue otra época y otras circunstancias, me imagino que hay similaridades, pero también que cada crisis de refugiados es diferente.

La definición de migrante económico me resultó muy ajena durante muchos años. Por ejemplo, visitando en Chile a un amigo o amiga de mi misma profesión y contemplando desde su piscina su enorme casa de tres pisos, me costaba pensar que mi decisión de vivir en Italia en un minúsculo y gélido estudio, o en España en un pequeño y antiguo departamento fuese económicamente motivada. Prefería imaginarme por encima de las posesiones materiales y considerar que emigraba de Chile en búsqueda de mejores perspectivas intelectuales y culturales. Era bonito fantasear con la idea de ser una especie de refugiado cultural, esa clase de gente tan apreciada por la banda "Los Prisioneros" en los 1980s.

Los años han cambiado mi opinión.

Primero, con todo el malinchismo de Latinoamérica, tener formación o experiencia en cualquier país del primer mundo es visto con muy buenos ojos, sin importar si el lugar donde uno estudió o trabajó es realmente un buen lugar. En muchas ocasiones, esta formación o experiencia en el extranjero puede hacer a una persona más competente o productiva. En otras ocasiones, no. Independientemente de esa realidad, la migración sí puede proveer una ventaja económica, aunque la recompensa sea aplazada.

Segundo, economía y dinero no son lo mismo. Para algunas personas, disfrutar de un buen sistema de transporte público, poder ir en bicicleta a todas partes, vivir en un lugar donde las reglas se respetan, o donde hay menos diferencia entre clases sociales, o más variedad de productos en el supermercado, son cosas mucho más importantes que tener una casa grande. Otros tal vez quieren desayunar pizza bianca, brioches o broodjes en la esquina de casa, o disfrutar de una agenda cultural más amplia, y piensan que eso es más importante que tener un auto. La decisión de emigrar en este contexto, sí constituye una decisión económica porque es una decisión sobre el valor relativo de estas cosas.

Tercero, viví más de tres años en un pequeño estado islámico en medio del desierto con temperaturas máximas de 50 grados Celsius, a cambio de una microscópica fracción de su riqueza del petróleo y el gas natural. No lo hice sólo por eso, pero no lo hubiera hecho en otras condiciones.

Sí, he sido un migrante económico.

La migración no es, necesariamente, un acto de desesperación

De la misma manera que uno se puede cambiar de trabajo sin necesidad de que lo despidan, uno puede cambiar de país sin necesidad de estar desesperado. Las personas que viven en países que reciben inmigrantes tienden a poner a todos ellos (refugiados y migrantes económicos), bajo la misma categoría de gente desesperada. Eso, en el mejor de los casos. Desesperada y oportunista, en el peor.

Ocasionalmente, he tenido la oportunidad de explicar que no soy un migrante desesperado. La forma en que lo explico es que, al igual que muchos otros, soy como una persona que se mueve de un lugar chico a vivir a un lugar grande.

Chile, mi país natal, es un país con muy pocos habitantes. Con el 0.2% de la población global, si el mundo fuese tan poblado como Chile, Chile tendría una población similar a la de Limache. Si el mundo fuese tan poblado como EEUU, Chile tendría una población similar a la de Forth Worth en Texas. Por supuesto, esta es una comparación solamente en términos de población y proporciones, pero no de oportunidades.

Chile no es un país rico, pero tampoco es un país pobre. Es un país del segundo mundo, con un buen estándar de vida, estable y con muchas posibilidades profesionales para su clase privilegiada. En particular para un investigador como yo, Chile ofrece financiamiento, algunas universidades buenas, tres de ellas entre las mejores 1.000 del mundo (dependiendo del ranking que uno use), y gente talentosa que tiene proyección internacional.

Pero tal como uno puede ser perfectamente feliz en un pueblo chico, también puede elegir irse a vivir a un lugar más grande, por una variedad de motivos distintos al de estar desesperado. Yo no sé si podría articular completamente mis propios motivos, pero dentro del razonamiento anterior diría que hay un aspecto de eficiencia económica. La productividad de un investigador tiene que ver con muchos factores muy complejos, y siento que en varias ocasiones he buscado, entre otras cosas, un lugar donde pueda ser más productivo.

Untermenschen

Yo viví el racismo y la discriminación contra los inmigrantes en Europa, antes de que existiera abiertamente racismo y discriminación contra los inmigrantes en Chile. En Europa, las ideas nazis fueron en gran parte derrotadas, pero el concepto de Untermensch (sub-humano) está más vivo que nunca. Eslavos, asiáticos, árabes, africanos y sudamericanos eramos los Untermenschen para los nazis y seguimos siéndolo para muchos europeos ahora.

Chile siempre fue racista en una sola dimensión: más rubio es mejor, más negro es peor. Pero en los últimos 20 años, la economía chilena ha crecido enormemente. Gente de otros países de Hispanoamérica se ha ido a Chile en busca de trabajo, y tal como ocurre en muchos otros lugares del mundo, se les trata de manera racista, prejuiciosa, inhumana.

En Chile, al igual que en otras partes del mundo que reciben inmigrantes, se asume de tu nacionalidad tu ocupación: prostituta, empleada, obrero. O ladrón. El programa español "Muchachada Nui" tiene un sketch sobre esto; a mí la verdad me da risa, pero hay algo terrible aquí también. En España si eres negro eres vendedor ambulante, si eres sudamericano trabajas en construcción, si eres rumano mendigas o robas, si eres chino eres vendedor, y así sucesivamente.

En todas partes, el color de piel es prácticamente lo que más importa, y se asume una correlación perfecta entre nacionalidad y color de piel. A mí me ha pasado en dos ocasiones distintas que alguien después de conocerme a mí (bastante moreno) conoce a mi esposa (chilena también, pero de tez clara y pelo negro); lo primero que hacen es preguntarle si es española en vez de chilena, lo segundo que hacen es exclamar "¡yo pensé que ella era como tú!". Dos ocasiones distintas, con distintas personas.

No somos criminales

La policía nos persigue y nos para en la calle para pedirnos los papeles. Al azar, obviamente, no porque uno sea moreno. En todas partes donde hay inmigrantes, la prensa nos trata a todos como criminales. Los gobiernos populistas tienden a agravar la situación, creando nuevos marcos de migración económica que tienen varios efectos negativos.

Primero, generan costos extra para el que quiera contratar inmigrantes. Más papeleo que hacer y más tiempos de espera, con el fin de obligarlo a contratar un abogado o un especialista, o de que simplemente escoja otro trabajador de entre los que ya viven en el país. Estos costos al final son de alguna forma u otra traspasados a los mismos inmigrantes.

Yo he migrado a 3 países distintos, y en cada caso mi estimación es que se gasta como mínimo una semana completa (40 horas) de papeleos por cada año de residencia. Los inmigrantes somos la última prioridad de las administraciones públicas porque, si bien pagamos impuestos, no votamos. Por ello, asignan cantidades ridículamente pequeñas de personal poco preparado para operar complejas burocracias de migración. Personalmente, en el mejor caso han sido horas de espera en oficinas repletas de gente a las que hay que llegar muy temprano para tener número, a veces pasar la noche en la calle sentado en cartones. En el peor caso ha sido una oficina en las afueras de la ciudad, entre alambre de púa y una multitud que empujaba, para entenderse a gritos con un oficial de migración a través de un agujero en la pared. Para un puesto de investigador científico.

Segundo, las "soluciones" que crean los gobiernos al "problema" de la inmigración, generan asimetrías de poder enormes que hacen posible la explotación. Cuando trabajas en tu país, perder tu trabajo es muy difícil y puede significar un desastre económico. Cuando trabajas fuera de tu país, perder tu trabajo significa dejar el lugar donde vives y tener que irte de allí. Los empleadores lo saben, por supuesto, por lo cual pueden abusar mucho más de un trabajador extranjero que de uno nacional.

Prohibirle a los inmigrantes trabajar legalmente crea miseria que no es buena ni para los recién llegados, ni para el país que los recibe

Tercero, pagan justos por pecadores. Los sistemas piden más requisitos para la gente que ha seguido al pie de la letra las reglas. Cuando estos requisitos se salen de toda proporción, por ejemplo cuando se exige tener un departamento o casa mucho más grande que el lugar donde viven los nacionales, desplazan a más inmigrantes hacia el mercado negro y la marginalidad. Prohibirle a los inmigrantes trabajar legalmente crea miseria que no es buena ni para los recién llegados, ni para el país que los recibe.

Como migrante económico, más aún como migrante económico privilegiado por la propia profesión, uno persevera ante estas circunstancias y lo considera como parte de los aspectos positivos y negativos en la decisión de emigrar. Sin embargo, para un refugiado, todos estos obstáculos son mucho peores, y se suman a la imposibilidad de volver a su país sin arriesgar su vida, y a la angustia por los lazos familiares y sociales rotos a la fuerza. Los países que ponen "mano dura con los inmigrantes" le agregan más encima las dificultades de emprender una nueva vida en el país donde las circunstancias se lo permitieron, no siempre de forma próspera y no siempre de manera segura.

Fotos: El Observador, 20 Minutos

Foto de ChaTo Carlos Castillo @ChaToX PhD en Ciencias de la Computación, investigador en minería de datos y computación social, particularmente en medios sociales durante crisis humanitarias. http://www.chato.cl/