Cuando la cultura libre no tiene sentido

2079 lecturas

Por lo que he visto, el valor que se da a la propiedad privada depende en gran medida de la cultura de cada país, de la legislación existente, y del control que de dicha regulación se haga. En ningún caso se trata de una verdad universal compartida, sino de un aprendizaje.

Cuando comencé a estudiar en Estados Unidos a los estudiantes internacionales nos repitieron insistentemente sobre la necesidad de respetar la propiedad ajena. El mensaje estaba dirigido a evitar el plagio de textos e ideas, aprender formas de uso de material protegido (incluyendo estilos para hacer referencias) y entender los límites a la copia. Esto último también respecto del uso de la infraestructura tecnológica, donde no sólo está prohibido sino que también fuertemente controlado el acceso a material protegido. Con reglas claras y consecuencias específicas se busca resguardar la propiedad privada incluyendo creaciones de todo tipo. Este aprendizaje estuvo rodeado de interesantes matices, como se muestra en los siguientes dos ejemplos.

Primero, para las personas provenientes de China resultó ser un mensaje contra-cultural. Su visión es que las creaciones individuales son propiedad colectiva y por tanto el concepto de copia o plagio carece de sentido.

Segundo, curiosamente para más de algún compañero norteamericano la idea de que fotocopiar un libro fuera ilegal resultó extraño o absurdo. Lo mismo sucedió con una profesora a quien se le tuvo que indicar expresamente para que adquiriera la distinción. ¿Por qué sucede este fenómeno si se supone que en EE.UU. el concepto de propiedad está tan claro? No lo sé, pero mi impresión fue que las personas en esta situación nunca leyeron las primeras páginas de ningún libro cuya propiedad estuviera restringida.

En lo personal, aun teniendo conciencia respecto de la importancia y limitaciones del derecho de propiedad, muchas veces resulta difícil distinguir los límites de posible uso sobre las creaciones de otros. Si el objetivo es respetar verdaderamente los derechos de las personas respecto de sus creaciones, mi impresión es que se requiere comprender muchas sutilezas que van más allá del acervo cultural (y tal vez legal) de la gran mayoría de las personas. Y además, a veces esos derechos parecen absurdos en el contexto del uso privado de las cosas.

Por de pronto, en más de alguna ocasión me encontré sin poder hacer referencia a documentos que prohibían expresamente ser referenciados, o que exigían pedir una autorización que podría tomar fácilmente más tiempo del que disponía para entregar algún trabajo.

Y respecto del material audiovisual, he de decir que creo que es injusto que me obliguen a dejar de ver las películas por las que ya pagué en Chile sólo por el hecho de estar en el hemisferio norte.

El tema no es fácil.

Si de verdad queremos respetar el derecho de propiedad debemos entender de qué se trata, cuáles son los beneficios y limitaciones, y para quién son. Si no lo entendemos no tiene sentido abogar por la cultura libre porque en un mundo donde esos derechos no se respetan tampoco hay límites ni consecuencias, y por tanto no hay necesidad de clamar por el acceso libre a la cultura.

¿En qué situación están nuestros países? ¿Cerca de la visión norteamericana o de la visión china?

Foto: jovike @ Flickr (CC).

Foto de veronica.acha

Verónica Achá — Ingeniero C. en computación, U. de Chile. M.Sc. in Public Policy and Mgmt., Carnegie Mellon U.. Más información »