Luis es el nombre de un chico de entre 16 y 18 años que iba en el transporte público que tomé hace unos días en Santiago. En un día normal, caminando por la calle, probablemente no lo habría notado y no sabría nada de su vida. Sin embargo, ese día compartimos el regreso a casa y supe mucho de él, casi sin quererlo. En una micro llena no siempre hay alternativa y, además, ese día escuché de él algo que atrajo mi atención. Le decía a su compañero de viaje, un hombre mayor:
- … me di cuenta de que me gustan las matemáticas. Quiero estudiar contabilidad.
- vas a tener que estudiar mucho y tener paciencia, respondió el hombre. - Yo intenté estudiar contabilidad hace años, pero trabajaba y estudiaba y no pude seguir con ese ritmo.