
Mucho se ha hablado sobre el potencial del teletrabajo. No en pocas oportunidades se ha pensado que es la solución para el desempleo, para integrar más mujeres al campo laboral, o para dar una oportunidad de desarrollo a personas con algún tipo de discapacidad física. Sin embargo, quienes han tenido la dicha o la necesidad de trabajar desde sus casas pronto descubren que también tiene desventajas. La libertad que obtienen lleva asociada una baja interacción con otros seres humanos, lo que provoca soledad en aquellas personas que no están preparadas para trabajar de esa forma.
El trabajo desde la casa también tiene otra debilidad. Al disminuir las interacciones desaprovecha las instancias de colaboración, co-creación y validación que podrían surgir en el ambiente tradicional.