Hace un poco más de 2 meses, tenía un problema a la hora de mantener y desarrollar una aplicación. En el desarrollo de software, una de las principales herramientas que tienes funcionando todo el día es el editor de texto, donde escribes las instrucciones que finalmente se convierten en un programa que usan en la empresa donde trabajas o sus clientes.
He probado varios, desde entornos más completos como Eclipse o NetBeans, hasta editores de texto como Vim y Emacs, pero ahora mismo me siento muy cómo usando gEdit en Linux. También estoy usando Git para mantener varias ramas de código en paralelo, así puedes trabajar en varias actividades en simultáneo y luego reconciliar (mezclar) los cambios en un conjunto de archivos.
Ahí es donde tenía una picazón: gEdit es sencillo, pero le faltaba una función que me indicara algo importante para mí. Y ahí recordé una vez más otra ventaja del software libre: te puedes rascar tu propia picazón. Si le falta algo, el código está ahí y seguramente puedes extenderlo con un poco de conocimientos.